martes, 8 de febrero de 2011

Perfil de Maickel Melamed


Un luchador irreverente 
 Desde que nació se aferró a la vida. Decidió que a pesar de sus limitaciones físicas haría valer hasta su última fortaleza por demostrarle al mundo y a él mismo que “nada es tan grande como para no lograrlo”. Es maratonista, nadador, surfista, defensor de los derechos humanos y un soñador incansable de metas. Ahora, a sus 37 años, anhela participar en el Maratón de 42 kilómetros en la ciudad de Nueva York 

Mientras caminaba, el sol tostaba su rostro y el sudor le acariciaba sus sienes. Corrió 21 kilómetros en estado puro de concentración, y sólo llegó a percatarse por sus pulsaciones que cruzaría la meta en 6 horas y 32 minutos. Un tiempo que quizás para las 22.000 personas que participaron en el Maratón de Miami pudiera ser una eternidad, pero para Maickel Melamed, quien sufre de discapacidad motora, fue una experiencia única en la que cada pisada lo hacía sentir como un ganador. 

Así es Maickel: un luchador que sabe que lo importante no es llegar primero sino saber llegar. Lo sabe porque desde su nacimiento, hace 37 años, su vida ha sido un deporte extremo. En el momento del parto, el cordón umbilical que venía rodeando su cuello le causó asfixia y lo dejó sin movimiento. A partir de ese momento fue diagnosticado con retraso motor y con pocas expectativas de vida. No obstante, ese joven de ojos color verde aceituna, de brazos y piernas delgadas y con voz amable, desafió su destino para convertirse en un amante del deporte, un irreverente y un revolucionario de la paz.

Un soñador sin límites. Con Maickel se entra rápidamente en confianza. Primero porque es una persona extrovertida y segundo porque cuando se le saluda sólo hay dos opciones: abrazarlo o darle un beso en la mejilla. Esa formalidad de darle la mano no tiene cabida ya que ésta es un tanto débil para estrecharla o incluso para sujetar un vaso de jugo. Sin embargo, la fortaleza la lleva en el corazón y en la mente porque todo lo que se propone lo logra con perseverancia y paciencia. 

Hace cinco años, con el ascenso al Pico Bolívar en Mérida, logró lo que muy pocos han logrado en condiciones físicas normales: estar en la cumbre. Para él fue una experiencia mística en la que  coexisten la vida y la muerte. Pudo cumplir su objetivo como montañista, a pesar de que lo hiciera sobre los hombros de otro y no sobre sus propios pies. Maickel es de esas personas que le gusta llevar su cuerpo al límite y cada año se propone nuevos retos. Ha sido surfista, nadador, parapentista y paracaidista. Cada una de esas vivencias las ejerce con pasión para demostrar que nada es tan grande como para no lograrlo y que las cosas se obtienen paso a paso.  
  
Y es así, Paso a Paso hacia la meta el nombre de una de las iniciativas que el maratonista venezolano creó para inspirar a cientos de jóvenes y niños, en que todo lo que se propongan con trabajo y esfuerzo se puede cumplir. Sin embargo, no en todas las ocasiones fue fácil para Maickel demostrarlo.

En octubre de 2010, le fue declinado el permiso para participar en el Maratón de 42 kilómetros en Nueva York. Luego de varios meses de constante entrenamiento esta decisión fue una derrota momentánea para él y su equipo, pero también fue el impulso necesario para incrementar los esfuerzos en función de una meta. Su sueño sigue siendo participar en noviembre de 2011 en el maratón de la ciudad estadounidense. Para ello, cumplió uno de los tantos requisitos: medio maratón en Miami con el que además obtuvo una medalla de oro.

Un predicador de paz. Maickel Melamed se graduó como economista en la Universidad Católica Andrés Bello. Luego decidió ir a Londres a perfeccionar su inglés y descubrirse como individuo sin la presencia de su familia. Sólo lo acompañó Galo, su asistente desde hace 15 años, a quien considera su amigo inseparable. Regresó a Venezuela en 1999 y se encontró con el deslave de Vargas, un acontecimiento que provocó el despertar de su verdadera vocación: ayudar a los demás. 

Su filosofía de vida se basa en que todos tienen algo que aportar. Esta idea parece ser utópica, pero a través de Paz con Todo —otra de las iniciativas que Maickel lidera— pretende conseguir el camino de la humanidad sustentable, es decir, un vínculo entre sociedades en que las personas como entes integrales puedan hacer, aunque sea una vez al año, un día de paz.  

No todos comprenden su cometido, pues algunos consideran que es un concepto etéreo. Sin embargo, luego de casi dos años realizando campañas culturales y de concientización, la Organización  Naciones Unidas en Venezuela decidió trabajar en conjunto con esta iniciativa a favor de los derechos humanos. El objetivo es lograr que el 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz, comunidades venezolanas con altos índices de violencia puedan sembrar la paz desde sus propias actividades cotidianas. 

Maickel no descansa, tiende a exigirse a sí mismo en todos los ámbitos de su vida. Se dedica también a dictar charlas de motivación a empresas y a personas. En ellas enseña lo importante de no desperdiciar el potencial humano y trabajar en función de las carencias y las fortalezas de cada uno. Su tiempo libre es escaso, pero eso no le impide aferrarse a su pasión por la gran pantalla, disfrutar de la música en vivo —en cualquiera de sus géneros— y tomarse un café en compañía de sus amigos. 

Si no se le conoce es difícil calcular su edad, pues casi todo el tiempo es un juguetón, cuenta chistes y utiliza palabras propias de veinteañero. Pero cuando se trata de responsabilidades se transforma, eso sí, sin abandonar la pasión inherente de la juventud. Su rutina es estricta en cuanto a su entrenamiento físico, todos los domingos camina largos kilómetros bajo la supervisión de su equipo de fisiólogos, pero cuando finaliza su meta no puede pasar por alto ese gustoso ritual de comer pizza.

Un optimista frente al espejo. “La espontaneidad me hace reír y la impotencia me hace molestar”. Aunque este último es un sentimiento contrario a lo que predica, él también ha sido víctima de ella. Su infancia fue feliz, pero la adolescencia se tornó en un momento oscuro en el que vivió en función de lo que le decían los demás. No obstante, en su proceso de madurez comprendió que no era igual al resto y que debía descubrir su diferencia. 

En el año 2000, luego de culminar su formación profesional Maickel, después de muchas carencias y sufrimientos, vislumbró que vivir desde lo que él es le daba tranquilidad y mayor aceptación. En ese momento se reconcilió con Dios y dejó de preguntarle: “¿Por qué a mí?”.  

Para Maickel no hay nada más romántico que una noche en la playa o un buen guayabo. Se ha enamorado mil veces y ha tenido infinitos desamores. Sus pocas relaciones han sido intensas, pero superan con creces esos intentos fallidos que al final fueron el camino para encontrar ese amor verdadero que incluso pudo durarle una noche. No siempre necesita amar y no cree en el matrimonio como la única vía para hacerlo.

“Pienso que definirme es limitarme. Tampoco creo en defectos y virtudes porque son conceptos que generan autocrítica, y la crítica sin ninguna sugerencia la considero inútil”. Le gusta sacar la mayor potencialidad en todas las aristas de su vida, pero también reconoce que no tiene mucha memoria. Por eso le gusta rodearse de aquellos que no tengan sus carencias y con personas que no piensen igual que él. 

Maickel viene de una familia judía, su madre Maritza y su padre Alberto han sido fuente de su inspiración y admiración. También se deja maravillar por un desfile de personalidades que lo alientan simplemente porque son personas coherentes en sus acciones y pensamientos. Simón Díaz, José Antonio Abreu y Luis Chataing son algunas de sus fuentes de inspiración. 

“Soy feliz siendo un incomprendido porque eso me hace exótico”. No comparte eso de que sólo existe un momento feliz en la vida, sino que existen momentos picos en los que hacer el amor, el nacimiento de sus sobrinos y que el Barcelona le gane al Madrid lo hacen explotar de alegría. Pero también entiende que existen momentos picos de tristeza. Hablar de la pérdida de su abuela y de su amigo montañista José Antonio Delgado,  hacen que sus ojos se nublen y que la voz se le quiebre.

Como La metamorfosis de Kafka, uno de sus libros predilectos, Maickel pone su fe y su entrega incondicional en buscar una visión de vida más integradora. Cree en que una persona siendo economista, pueda también ser maratonista, nadador, luchador por los derechos humanos y todo lo que se proponga. Sus sueños no son dos, no son tres, son muchos. Maickel Melamed quiere ser para su país y para el mundo un ejemplo de que lo imposible se vuelve posible cuando se lucha por alcanzarlo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Entrevista: pasión por la tanatopraxia


“La tanatopraxia es un oficio como cualquier otro”

Diapa plantea que la ética en su oficio consiste en el respeto al cuerpo y presentarlo de la mejor manera para que sus familiares se lleven un buen recuerdo

José Diapa tiene 24 años ejerciendo su oficio. De niño pasaba por las funerarias pensando que algún día trabajaría allí. Su curiosidad lo impulsó notoriamente y le permitió ocupar el cargo de supervisor del Departamento de Tanatología en la Funeraria Valles, en La Florida.

-¿Dónde obtuvo la preparación para ejercer la tanatopraxia?
-Luego de presentar un examen de medicatura forense, comencé a trabajar en la Valles, donde recibí cursos sobre técnicas actuales de tanatología provenientes de España y Colombia.

-¿Cuál es la diferencia entre medicina forense y la tanatopraxia?
-La medicina forense se encarga de realizar autopsias, para determinar la causa de muerte y la tanatopraxia se ocupa de la preservación del cuerpo y del arreglo estético.

-¿Qué técnicas utiliza para efectuar el proceso de preservación?
-Se emplean dos técnicas: una preservación especial en la que el cuerpo se conserva durante un año y otra que permite mantener el cuerpo durante dos días.

-¿En qué consiste el proceso?
-Primero se debe colocar el cuerpo en un mesón para limpiarlo y eliminar la contaminación que puede traer. Después se introduce por traqueotomía un algodón especial, que evitará posibles reflujos. Luego se colocan 12 inyecciones de formol en el tórax y en el abdomen. Por último se aplica el maquillaje y se viste al cuerpo.

-¿Cuánto tiempo se emplea?
- Normalmente dura 45 minutos.

-¿Cuál es el riesgo que podría implicar el oficio?
-Contaminarse con alguna enfermedad, por el uso indebido de los implementos.

-¿Cómo maneja desde el punto de vista ético el hecho de manipular cadáveres?
-La ética está en arreglar al fallecido de la mejor manera posible, para que el familiar se pueda llevar un buen recuerdo. Se debe tratar al cuerpo con todo el respeto y ser detallista en su presentación.

-¿Qué cualidades lo hacen apto para este oficio?
-La tanatopraxia es un oficio como cualquier otro. Tengo la responsabilidad y la ética necesaria para concentrarme en lo que hago y obtener los mejores resultados.

Entrevista a Dj Nuuro


Dj Nuuro: “Irme de Venezuela ha sido el sacrificio más grande en mi carrera como músico”


El joven de origen venezolano Alejandro Ghersi, conocido como DJ Nuuro, le gustaría ser recordado como alguien que tomó riesgos y no como uno más del montón

Es sólo un chamo y se expresa como treintañero. Sin embargo, viste acorde a los 20 años que lleva a cuestas. Su estilo por lo general es excéntrico propio de un músico, pero cuando le toca grabar su prioridad es andar cómodo. Eso sí, no le faltó en su atuendo la gorra de los yankees, pues ahora le debe lealtad al equipo de la ciudad donde ejerce sus estudios en Recorded Music, en la Universidad de Nueva York (NYU).

Alejandro Ghersi, conocido artísticamente como DJ Nuuro, es una persona auténtica no sólo a través de su creación musical, orientado al género de la electrónica, sino también en su forma de expresarse, no le importa no coincidir con los estándares de respuestas. Se toma su tiempo para reflexionar. Pero es consciente que como músico depende más de un momento, de un estado de ánimo que de respuestas definitivas que marcarán una pauta en su vida.

La video-llamada empezó con quince minutos de retraso, Nuuro ajusta su cámara y se coloca sus audífonos de gran tamaño para no incomodar a uno de sus compañeros de cuarto, que de cuando en cuando voltea a escuchar sin entender ninguna palabra del español. Nuuro, hace una que otra broma sobre las responsabilidades de ir al supermercado con un clima tan impetuoso y de su grabación del día, esperando justificar su leve demora.

Sus manos no se quedan tranquilas, tienen la constante necesidad de tocar algún objeto y generar sonidos. Pero en la medida que se adentra en la conversación se torna más reflexivo, pausado y más atento, sin dejar de lado ese espíritu bromista.

-¿Por qué llamarse Nuuro y no Alejandro?
-Porque siempre quise separar mi música de mi persona, es mucho más liberador. Además es una palabra que ingenie. Tomé el prefijo de la palabra neurología, jugué un poco con las vocales para darle más ritmo y surgió Nuuro, el significado se lo pongo de acuerdo a como me encuentre en determinado momento.

-¿Qué busca transmitir Nuuro con sus canciones?
-La nostalgia es un sentimiento recurrente. Siempre tomo elementos de mi pasado para componer. Primero hay una autoaceptación y luego escribo de esa realidad.

-¿Cree que su inicio musical hubiese sido igual de no contar con el impulso que le dieron los Amigos Invisibles?
-Definitivamente no, ellos me ayudaron mucho y una de mis ambiciones es hacer lo mismo por otro artista que esté comenzando.   

-¿Cómo ha sido la evolución desde su primer sencillo All Clear  hasta Real Friends?
-Al principio el material era más introspectivo, escribía más para mí. Luego mi música se volvió más comercial, lo cual no me llenaba mucho. Pero ahora estoy retomando mis inicios.

-¿Cómo le gustaría ser recordado a Nuuro en el ámbito musical dentro de 50 años?
-Me gustaría ser recordado como alguien que se arriesga y no como uno más del montón.

-¿Cómo es Nuuro frente al espejo?
-No puedo mirarme mucho frente al espejo porque siempre estoy corriendo (se ríe), pero en un sentido menos literal creo que soy una persona feliz ante el espejo porque me he llegado a aceptar tal como soy.

El barullo se hace sentir en la habitación, sus compañeros de cuarto interrumpen y lo invitan a comer pizza. El intercambio de palabras en inglés duró un par de segundos, y luego sus compañeros se despidieron con un: love you men, antes de salir. Ghersi se ríe, pide disculpas y retoma el hilo de la conversación. 

-¿Cuáles han sido las críticas más duras que le han hecho en su vida privada y en su carrera musical?
-En mi vida privada me dijeron que no me importaban los demás y en mi carrera musical, han dicho que soy “mojoneado” porque no me acuerdo a veces de los nombres o de las caras. Pero es porque soy distraído, por más que me concentre me cuesta mucho.  

-¿El sueño de vida de Alejandro es el mismo de Nuuro?
-Nuuro sueña con ser exitoso y eso puede llevar a la ambición desmedida y Alejandro sueña con ser feliz. En ese sentido no van de la mano. Pero al final del día Alejandro controla a Nuuro. No me importa vender pescado en un camión en la playa siempre que sea feliz.

-¿Cuál es el recuerdo de tu infancia más importante vinculado con la música?
 -Por un momento la melancolía se apoderó de su rostro pero el instante apenas duro cuando lanzó una carcajada.

-(continua riendo) Mi mamá me obligó a ir a clases de piano y yo me escondía debajo de la cama porque no quería ir. De alguna forma me convenció, fui y me terminó encantando. Ella sabía que esto pegaba con mi personalidad, por eso a ella le debo mi formación musical.

-¿Cuál ha sido el mayor sacrificio para emprender su carrera como músico?
- (Silencio profundo) Irme de Venezuela, porque implicaba dejar todo. Yo vivía solo con mi mamá, y ella en su sabiduría entendió que tenía que emprender mi camino. El esfuerzo ha valido la pena porque he crecido mucho en mi formación musical y como persona.

-Ahora que vive en Nueva York, ¿Cómo visualiza sus planes en el futuro? ¿Volvería a Venezuela?
-Sólo regresaría a mi país cuando tenga algo que aportar. Ahora me enfrentaría con muchos obstáculos, hay muchos paradigmas que vencer. Todavía no estoy lo suficientemente preparado y tampoco cuento con los recursos necesarios.

-¿Cuál es el mayor miedo de Alejandro?
-Morir sin querer morir, es decir saber que va a pasar y no aceptarlo.

Se termina la inquietud, se despide y se incorpora rápidamente para alcanzar su pizza

miércoles, 19 de enero de 2011

Crónica: Privatización de la Cantv 1991


El día en que resucitó la telefonía venezolana

Una joyita en venta

Los problemas de comunicación que vivió Venezuela en la década de los 80, llegaron a su fin en una  mañana de noviembre de 1991.  A pesar de que la privatización de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv), sería una decisión que beneficiaría a la sociedad, algunos sectores políticos se opusieron a que el servicio no siguiera en manos del Estado. Sin embargo, el descontento popular terminó por confiar en el capital extranjero 

Por: Grecia Toukoumidis y Andreyna Rodríguez

Caracas, 16 de noviembre de 1991.
Ring, ring, ring.
Pérez: Aló, estaba esperando su llamada, ¿quién resultó el ganador y bajo qué condiciones?
Móttola: El Consorcio GTE, Presidente. Por un precio que superó nuestras expectativas.
Pérez: Muy bien. Los espero en mi despacho.

***
Solo dos cuadras separaban al auditorio del Banco Central de Venezuela del Palacio de Miraflores, donde se encontraba la oficina principal del Presidente de la República. Allí los esperaba impacientemente. Carlos Andrés Pérez nunca dejó de lado la cordialidad y el respeto por sus funcionarios, aunque lo dominara el nerviosismo propio de una decisión, que marcó el zénit del segundo periodo de su gobierno. El salón de recepción de su despacho fue el escenario de encuentro con los protagonistas del acto: Fernando Martínez Móttola, Roberto Smith, Gerver Torres y Miguel Rodríguez. 

Sentados alrededor del Primer Mandatario, los ministros y el presidente de la Cantv, Martínez Móttola, discutieron durante dos horas sobre las implicaciones económicas, el traspaso de las acciones y la revalorización de los bonos que se producirían luego de la privatización de la empresa telefónica, concretado minutos antes en el Banco Central de Venezuela. 

Alrededor de las 10:00 am en el piso 24, el auditorio estaba a reventar. El olor a madera que habitualmente inunda la sala ya no se podía percibir entre una muchedumbre de 300 personas. Mujeres y hombres vestidos elegantemente y con celulares en mano, llegaron a tiempo para ocupar las grisáceas butacas y alardear sobre quién los había convidado al acto. 

Unos venían invitados por los ministros, otros por Miraflores y los demás eran representantes de los consorcios licitantes.  “¿Cómo hacemos con los gringos que no hablan español?”, preguntaba la encargada de revisar la irrespetada lista de asistentes. Mientras en las inmediaciones del banco la gente seguía intentado entrar, mostrando sus credenciales de trabajo o moviendo sus influencias.

Entre la multitud se escuchó el taconeo. El contoneo de los largos pasos de Irene Sáez, que despistó por un momento la misión de aquellos que querían entrar. Sin mostrar identificación ni dar muchas explicaciones, se abrió el paso para que la ex Miss Universo, quien empezaba a sembrar la semilla de la política, desfilara por el Banco Central y volviera a ser premiada. Esta vez con una de las escasas butacas disponibles de la sala.

El evento aún no comenzaba. Había transcurrido una hora y media llena de algarabía, barullo y expectativas, cuando el maestro de ceremonia decidió dar inicio. Pidió a los presentes que se ubicaran en sus lugares. Sin embargo, los que no tuvieron tanta suerte se conformaron con invadir los pasillos del salón, haciendo que el trabajo del personal de protocolo fuera más difícil. 

Como se si se tratara de un efecto dominó, el silencio se apoderó del recinto. Las miradas del público ya no eran dispersas. Se dirigieron simultáneamente al vacío presídium, para hipnotizarse con el cinetismo de aquel mosaico de madera que decoraba el fondo. El escenario fue tomando vida con la pronta aparición de su primer protagonista. Gerver Torres, presidente del Fondo de Inversiones de Venezuela, con una sonrisa que no podía ocultar, fue el encargado de dar el discurso inaugural. 

Con el rostro iluminado y no precisamente por las luces de aquel techo estrellado, Torres vestía un flux oscuro con camisa blanca. Sus cejas hablaban por sí solas y le restaban importancia a su llamativa frente. “Es un privilegio para todos los presentes estar en el acto más trascendente de la vida económica de Venezuela en las últimas décadas”, dijo. De repente una mujer en el público alzó su voz para responderle: “No es para menos. Es la venta de una joya valiosísima y por eso todos estamos aquí”. 

El economista continuó con su discurso: “El 80 por ciento de la población está de acuerdo con esta transferencia, la cual se logró a través de la paz laboral”. De pronto se rompió el silencio sepulcral que reinaba en el auditorio, cuando Torres pidió un fuerte aplauso para los que tuvieron la labor de gestar el proceso de privatización. 

El momento de abrir los sobres para conocer las ofertas estaba cada vez más cerca. Fueron dos los consorcios participantes en este acto, pues a lo largo del año que duraron todos los trámites para la venta de las acciones, muchas empresas se retiraron por no cumplir con los requisitos exigidos, porque desistieron o porque se aliaron, como es el caso Bell Atlantic con Bell Canada. 

Cuando se dio la orden, los licitantes debían acercarse al podio a entregar sus ofertas. Este fue el instante más esperado de la mañana. El público ya no estaba distraído con sus celulares ni había miradas cruzadas. Todos se concentraban en tratar de descifrar con rayos X el contenido de aquellos sobres. La propuesta del consorcio Bell Atlantic fue la primera en entregarse y la suma ofrecida por GTE, la otra sociedad participante, fue la última en conocerse. 

Las negociaciones internas, que se realizaron desde diciembre de 1990, fijaron como precio base de la Cantv un monto de 2.147 millones de dólares. El porcentaje de las acciones que se pondrían en venta para su privatización, estaba valorado en 888 millones de dólares. El primer sobre, recibido por la notario público Miriam Pérez Quintero, contenía una atractiva oferta. El consorcio Bell Atlantic ofreció 1.407 millones de dólares por el 40% de las acciones acordadas. Al anunciar la exorbitante cantidad, el público se estremeció, dando por sentado que el trato estaba cerrado.

Los representantes de GTE eran los únicos que sabían que esto no quedaría así. Con incredulidad se abrió la segunda oferta. Nadie esperaba que esta propuesta fuera 478 veces más jugosa. Fue de 1.885 millones de dólares la suma que convirtió a GTE en ganadora del proceso de licitación. Luego de anunciar la oferta definitiva, cundió el pandemónium en el auditorio, donde la perfecta arquitectura permitió que la acústica hiciera vibrar la sala. 

En el podio, Gerver Torres, presidente del Fondo de Inversiones de Venezuela y el resto de los protagonistas: Roberto Smith, ministro de Transporte y Comunicaciones, Miguel Rodríguez, ministro de Planificación y Fernando Martínez Móttola, presidente de la Cantv, contagiados por las secuencias de abrazos del público, se unieron a la celebración llenos de júbilo y satisfacción. Transcurrieron 20 minutos para recobrar la calma y proseguir con el discurso del Martínez Móttola.

Con una elegancia suprema en su atuendo y unos lentes correctivos Ray Ban, Martínez tomó la palabra: “Qué dirán ahora los que afirmaron que la Cantv se iba a vender a precio de gallina flaca; qué dirán ahora quienes afirmaban que el resultado ya tenía nombre y apellido. Esto fue un proceso limpio y un paso fundamental para la transformación de las telecomunicaciones”, dijo. Sus palabras también recordaron la ineficiencia del servicio de la compañía y la falta de capital para invertir en la tecnología necesaria que pudiera cubrir la demanda de los usuarios. 

El final de la intervención de Martínez Móttola coincidió con el momento en el que los diputados de la Causa R, Pablo Medina, Aristóbulo Istúriz y Carlos Azpúrua irrumpieron en el auditorio, luego de haber penetrado en las instalaciones del Banco Central, burlando la incorruptible seguridad del lugar. La intención de los congresistas era hacer público un manifiesto en el que, según ellos, la privatización era un proceso que violaba la Constitución de 1961.

En el intento fallido de los diputados por llegar a los micrófonos, los ánimos del público se fueron caldeando y al unísono coreaban: “Fuera, fuera, fuera”, mientras Pablo Medina pronunciaba un fugaz discurso opacado por el abucheo colectivo. “Nosotros estamos iniciando acciones a los efectos de que se declare este acto como un ilícito constitucional. Pedimos también que se sancione a quienes vendieron este patrimonio de la República”, predicaba. Roberto Smith, haciendo uso de sus cualidades de líder estudiantil, aclamó a todo pulmón: “Concluido el acto”. 

Los vigilantes del Banco Central de Venezuela y funcionarios del Fondo de Inversiones de Venezuela fueron los encargados de agarrar a los congresistas y hacerlos abandonar el auditorio a la fuerza. Entre tanto, aún con el eco del público gritando: “Fuera, fuera”,  Fernando Martínez Móttola, acompañado de los ministros, salió airoso de la sala con la premura de discar la línea directa que lo comunicaría con Carlos Andrés Pérez en Miraflores.