miércoles, 19 de enero de 2011

Crónica: Privatización de la Cantv 1991


El día en que resucitó la telefonía venezolana

Una joyita en venta

Los problemas de comunicación que vivió Venezuela en la década de los 80, llegaron a su fin en una  mañana de noviembre de 1991.  A pesar de que la privatización de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv), sería una decisión que beneficiaría a la sociedad, algunos sectores políticos se opusieron a que el servicio no siguiera en manos del Estado. Sin embargo, el descontento popular terminó por confiar en el capital extranjero 

Por: Grecia Toukoumidis y Andreyna Rodríguez

Caracas, 16 de noviembre de 1991.
Ring, ring, ring.
Pérez: Aló, estaba esperando su llamada, ¿quién resultó el ganador y bajo qué condiciones?
Móttola: El Consorcio GTE, Presidente. Por un precio que superó nuestras expectativas.
Pérez: Muy bien. Los espero en mi despacho.

***
Solo dos cuadras separaban al auditorio del Banco Central de Venezuela del Palacio de Miraflores, donde se encontraba la oficina principal del Presidente de la República. Allí los esperaba impacientemente. Carlos Andrés Pérez nunca dejó de lado la cordialidad y el respeto por sus funcionarios, aunque lo dominara el nerviosismo propio de una decisión, que marcó el zénit del segundo periodo de su gobierno. El salón de recepción de su despacho fue el escenario de encuentro con los protagonistas del acto: Fernando Martínez Móttola, Roberto Smith, Gerver Torres y Miguel Rodríguez. 

Sentados alrededor del Primer Mandatario, los ministros y el presidente de la Cantv, Martínez Móttola, discutieron durante dos horas sobre las implicaciones económicas, el traspaso de las acciones y la revalorización de los bonos que se producirían luego de la privatización de la empresa telefónica, concretado minutos antes en el Banco Central de Venezuela. 

Alrededor de las 10:00 am en el piso 24, el auditorio estaba a reventar. El olor a madera que habitualmente inunda la sala ya no se podía percibir entre una muchedumbre de 300 personas. Mujeres y hombres vestidos elegantemente y con celulares en mano, llegaron a tiempo para ocupar las grisáceas butacas y alardear sobre quién los había convidado al acto. 

Unos venían invitados por los ministros, otros por Miraflores y los demás eran representantes de los consorcios licitantes.  “¿Cómo hacemos con los gringos que no hablan español?”, preguntaba la encargada de revisar la irrespetada lista de asistentes. Mientras en las inmediaciones del banco la gente seguía intentado entrar, mostrando sus credenciales de trabajo o moviendo sus influencias.

Entre la multitud se escuchó el taconeo. El contoneo de los largos pasos de Irene Sáez, que despistó por un momento la misión de aquellos que querían entrar. Sin mostrar identificación ni dar muchas explicaciones, se abrió el paso para que la ex Miss Universo, quien empezaba a sembrar la semilla de la política, desfilara por el Banco Central y volviera a ser premiada. Esta vez con una de las escasas butacas disponibles de la sala.

El evento aún no comenzaba. Había transcurrido una hora y media llena de algarabía, barullo y expectativas, cuando el maestro de ceremonia decidió dar inicio. Pidió a los presentes que se ubicaran en sus lugares. Sin embargo, los que no tuvieron tanta suerte se conformaron con invadir los pasillos del salón, haciendo que el trabajo del personal de protocolo fuera más difícil. 

Como se si se tratara de un efecto dominó, el silencio se apoderó del recinto. Las miradas del público ya no eran dispersas. Se dirigieron simultáneamente al vacío presídium, para hipnotizarse con el cinetismo de aquel mosaico de madera que decoraba el fondo. El escenario fue tomando vida con la pronta aparición de su primer protagonista. Gerver Torres, presidente del Fondo de Inversiones de Venezuela, con una sonrisa que no podía ocultar, fue el encargado de dar el discurso inaugural. 

Con el rostro iluminado y no precisamente por las luces de aquel techo estrellado, Torres vestía un flux oscuro con camisa blanca. Sus cejas hablaban por sí solas y le restaban importancia a su llamativa frente. “Es un privilegio para todos los presentes estar en el acto más trascendente de la vida económica de Venezuela en las últimas décadas”, dijo. De repente una mujer en el público alzó su voz para responderle: “No es para menos. Es la venta de una joya valiosísima y por eso todos estamos aquí”. 

El economista continuó con su discurso: “El 80 por ciento de la población está de acuerdo con esta transferencia, la cual se logró a través de la paz laboral”. De pronto se rompió el silencio sepulcral que reinaba en el auditorio, cuando Torres pidió un fuerte aplauso para los que tuvieron la labor de gestar el proceso de privatización. 

El momento de abrir los sobres para conocer las ofertas estaba cada vez más cerca. Fueron dos los consorcios participantes en este acto, pues a lo largo del año que duraron todos los trámites para la venta de las acciones, muchas empresas se retiraron por no cumplir con los requisitos exigidos, porque desistieron o porque se aliaron, como es el caso Bell Atlantic con Bell Canada. 

Cuando se dio la orden, los licitantes debían acercarse al podio a entregar sus ofertas. Este fue el instante más esperado de la mañana. El público ya no estaba distraído con sus celulares ni había miradas cruzadas. Todos se concentraban en tratar de descifrar con rayos X el contenido de aquellos sobres. La propuesta del consorcio Bell Atlantic fue la primera en entregarse y la suma ofrecida por GTE, la otra sociedad participante, fue la última en conocerse. 

Las negociaciones internas, que se realizaron desde diciembre de 1990, fijaron como precio base de la Cantv un monto de 2.147 millones de dólares. El porcentaje de las acciones que se pondrían en venta para su privatización, estaba valorado en 888 millones de dólares. El primer sobre, recibido por la notario público Miriam Pérez Quintero, contenía una atractiva oferta. El consorcio Bell Atlantic ofreció 1.407 millones de dólares por el 40% de las acciones acordadas. Al anunciar la exorbitante cantidad, el público se estremeció, dando por sentado que el trato estaba cerrado.

Los representantes de GTE eran los únicos que sabían que esto no quedaría así. Con incredulidad se abrió la segunda oferta. Nadie esperaba que esta propuesta fuera 478 veces más jugosa. Fue de 1.885 millones de dólares la suma que convirtió a GTE en ganadora del proceso de licitación. Luego de anunciar la oferta definitiva, cundió el pandemónium en el auditorio, donde la perfecta arquitectura permitió que la acústica hiciera vibrar la sala. 

En el podio, Gerver Torres, presidente del Fondo de Inversiones de Venezuela y el resto de los protagonistas: Roberto Smith, ministro de Transporte y Comunicaciones, Miguel Rodríguez, ministro de Planificación y Fernando Martínez Móttola, presidente de la Cantv, contagiados por las secuencias de abrazos del público, se unieron a la celebración llenos de júbilo y satisfacción. Transcurrieron 20 minutos para recobrar la calma y proseguir con el discurso del Martínez Móttola.

Con una elegancia suprema en su atuendo y unos lentes correctivos Ray Ban, Martínez tomó la palabra: “Qué dirán ahora los que afirmaron que la Cantv se iba a vender a precio de gallina flaca; qué dirán ahora quienes afirmaban que el resultado ya tenía nombre y apellido. Esto fue un proceso limpio y un paso fundamental para la transformación de las telecomunicaciones”, dijo. Sus palabras también recordaron la ineficiencia del servicio de la compañía y la falta de capital para invertir en la tecnología necesaria que pudiera cubrir la demanda de los usuarios. 

El final de la intervención de Martínez Móttola coincidió con el momento en el que los diputados de la Causa R, Pablo Medina, Aristóbulo Istúriz y Carlos Azpúrua irrumpieron en el auditorio, luego de haber penetrado en las instalaciones del Banco Central, burlando la incorruptible seguridad del lugar. La intención de los congresistas era hacer público un manifiesto en el que, según ellos, la privatización era un proceso que violaba la Constitución de 1961.

En el intento fallido de los diputados por llegar a los micrófonos, los ánimos del público se fueron caldeando y al unísono coreaban: “Fuera, fuera, fuera”, mientras Pablo Medina pronunciaba un fugaz discurso opacado por el abucheo colectivo. “Nosotros estamos iniciando acciones a los efectos de que se declare este acto como un ilícito constitucional. Pedimos también que se sancione a quienes vendieron este patrimonio de la República”, predicaba. Roberto Smith, haciendo uso de sus cualidades de líder estudiantil, aclamó a todo pulmón: “Concluido el acto”. 

Los vigilantes del Banco Central de Venezuela y funcionarios del Fondo de Inversiones de Venezuela fueron los encargados de agarrar a los congresistas y hacerlos abandonar el auditorio a la fuerza. Entre tanto, aún con el eco del público gritando: “Fuera, fuera”,  Fernando Martínez Móttola, acompañado de los ministros, salió airoso de la sala con la premura de discar la línea directa que lo comunicaría con Carlos Andrés Pérez en Miraflores.









Entrevista Imaginaria


Entrevista a Francisco Salazar Martínez, poeta, periodista y diplomático

Un Florentino con una pizca de diablo

De él se dicen muchas cosas. Que es humorista y que no tiene pelos en la lengua porque dice todo lo que piensa y viceversa. Que no se le escapa detalle a este hombre de letras, de leyes y de hechos. Que es un inventor literario y fue el libertador de los poetas en tiempos de dictadura. Pero ahora es el turno de este bohemio multifacético para expresar lo divino y lo humano de la poesía, y explicar porqué no se considera un humorista como tanto se ha dicho de él 
 
Fue Pedro León Zapata quien descubrió que hay algo de felino en los rasgos de su cara. Dibujó con trazos fuertes el perfil del poeta: un murciélago negro que sale volando forma sus cejas y una línea más delgada descubre, por un lado, su tupido bigote chaplinesco y, por otro, una línea serpenteante que dibuja sus ojos. Un par de ojos de gato salvaje que esconden la ironía de la pluma agridulce de Francisco Salazar Martínez.
Pancho Salazar, como es conocido por sus amigos, es poeta desde antes de nacer, como él mismo se define y como tituló uno de sus libros. Los primeros versos que escribió entre los 11 a los 17 años de edad no tenían nada que ver con la poesía. Para esa época era cantador en los velorios, vendedor de leña y poeta de concurso. Su descubridor de talento, Rafael Caballero Sarmiento, también poeta, dirigía la Escuela Federal Guzmán Bastardo, donde el pequeño estudiaba. En una oportunidad le dijo: “Llegarás muy alto”. Francisco Salazar, en tono burlón, explica: “¿Acaso trataba de borrar mi complejo físico de inferioridad?”
Así es Salazar, un moreno bajito. Tanto así que cuando llegó a Caracas intentando ingresar en la Escuela Naval, el director le insinuó que con esa estatura no tenía vocación de marino, sino más bien de submarino. Desistió de la idea de que el mar fuera su norte y se convirtió en poeta. Sin embargo, mantuvo de los marineros la acicalada vestimenta, traje y corbata siempre, y la pulcritud de los zapatos.  
Como es natural, a las 6:30 de la tarde Salazar se encontraba en la barra de un bar, en la esquina de Los Desbarrancados en La Pastora. Allí celebraba una de sus tantas premiaciones. En este caso, fue aquella que recibió en 1970 con el Premio Municipal de Poesía. No se trata de un logro más que se sumaría a su currículum, pues es un hombre que nace y se reinventa todos los días y no cree en ese tipo de ataduras.
¿Cómo recibe el poeta esta premiación?
Feliz. Yo ignoraba que la poesía tuviera tantos amigos. Esto viene a equilibrar las acciones entre los boxeadores y los hombres de letras, aunque los unos tienen la cabeza en los puños y los otros los puños en la cabeza.
¿Cómo debe ser el poeta?
Debe ser un combatiente, un comunicador de la fe, un dador de alegría, en fin, un levanta Lázaros. Al escribir, no debe reducirse a simples fórmulas del lenguaje y mucho menos someterse a la torcedura de los vocablos para hacer todo incomprensible.
¿Se podría hablar de una crisis de la poesía en Venezuela?
En Venezuela no hay crisis de poesía, mientras existan voces como las de Pablo Neruda, Octavio Paz, Vicente Aleixandre, quienes deberían cobrar buenas sumas por derecho de autor, pues en nuestro país existen muchos pseudónimos de estos señores.
***
El sibarita de la palabra no sólo consiguió el galardón por el valor estético e integral de su obra, sino por los aportes literarios como la renovación de la temática de la décima y la creación de un poema en una sola estrofa, a la que llamó sextáfona. Pero Salazar va más allá, no se conforma con escribir valiéndose de arte y ritmo, le suma la visión crítica de un periodista, los argumentos de un abogado y el conocimiento de un diplomático. Es cuatro personas en una sola.
¿Por qué se puso a estudiar Derecho después de tener toda una vida como poeta y treinta años ejerciendo el periodismo?
Me puse a estudiar Derecho con la intención de que el abogado defendiera el pan del poeta. Los poetas casi siempre se mueren de hambre, cuando no se es Pablo Neruda.
¿No se corre el riesgo de que el abogado desplace al escritor?
No creo. Por el contrario tengo la convicción de que el ejercicio del Derecho ayuda al escritor a ser más preciso y concreto en sus artículos. Sthendal, escritor francés, acostumbraba leer el Código de Napoleón antes de sentarse a escribir una página. El decía que le abría la inspiración.
¿Le gusta que ahora le digan “doctor”?
En lo absoluto. Eso de que te llamen “doctor” sirve casi siempre para llenarse el pecho de aire, aunque el estómago ande vacío.
Salazar Martínez nació el 17 de diciembre de 1925, en Aragua de Barcelona, estado Anzoátegui. Es la misma tierra donde nació su tío José Tadeo Arreaza Calatrava, de quien dice le viene la herencia poética. Salazar, desde joven, cultiva las letras con un estilo particular: no se inspira en el día, ni busca poesía en las estrellas; las pare como las madres, de una sola vez y sin afeitarlas.
Sin pensarlo, dando una bocanada a su cigarrillo y utilizando su frase usual “Fíjese usted”, arguye: “Yo no soy humorista, para serlo hay que llevar una vida de amargura y yo soy alegre”. Él lo niega pero sus amigos y aquellos que osan codearse con su figura lo saben. Muchos creen que si el humorismo crea amigos, los chistes de Pancho, cargados en ocasiones de sarcasmos, han debido crearle también algunos enemigos. Porque sus humoradas, especialmente las bañadas en cerveza, son las que despellejan.
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En 1950, en un bar-restaurant cercano al Teatro Municipal y en la casa de la Asociación de Escritores Venezolanos, fue distribuido el poema Carta al General Juan Vicente Gómez que, sin muchas sospechas, estaba dirigido al dictador de turno. Este es el primer título de la relevante obra literaria de Salazar y representó el despertar de la conciencia responsable de los poetas. Con él nació una poesía de ímpetu humano, ligada al pueblo, de protesta y angustia, pero compenetrada a su vez con la esperanza.
La polémica en este campo no cesó, incluso luego de que fue apresado en la vieja cárcel de Obispo por orden del régimen. Ni cuando se terminó la dictadura se detuvo a contemplar los errores de los políticos del momento. Su poesía de protesta se construyó en una síntesis de la amalgamada historia, combinada con los vicios de los gobiernos de aquel entonces. 
¿Cuál es su opinión sobre los políticos venezolanos?
Que a muchos, como dijo el general Linares Alcántara, habría que ponerles un zamuro de prendedor.
¿Qué le recomendaría a los políticos entonces?
Les recomendaría ser menos pragmáticos, que le pusieran un poco de idealismo y de imaginación a su actuación pública y que todo esto se hiciera desde un lenguaje pulcro. Que no confesaran tanto ruralismo mental.
¿Por qué insistir en la historia?
Porque los pueblos que desconocen su historia no pueden ser pueblos saludablemente nacionalistas y son proclives a zarpazos colonialistas. Recuerdo en la escuela  durante un examen de historia de Venezuela, un examinador me preguntó por Guaicaipuro y le respondí confundiendo al cacique con Diego de Losada. La equivocación es justificable en un estudiante de primaria, pero no es justificable el desconocimiento histórico en los parlamentarios. El conocimiento de la historia y la geografía debe ser obligatorio antes de aspirar a un puesto burocrático.
¿A su parecer la mayoría de los políticos conocen de historia?
Si la conocieran no serían políticos venezolanos, pues la primera virtud del político criollo es desconocer la historia de Venezuela.
Francisco Salazar Martínez fue el columnista conocido como Florentino en el diario El Nacional, colaborador y jefe de redacción en El Universal, El Heraldo, La Esfera, entre otros. También se desenvolvió en la diplomacia sin abandonar el ejercicio del periodismo. Su trayectoria abarca la representación de Venezuela en Cuba, México, Suiza, Argelia, Senegal, Bolivia y Costa Rica.
¿Cuál es la principal dificultad de la diplomacia venezolana?
Los bajos sueldos que paga la Cancillería a nuestros diplomáticos. En más de una ocasión los viáticos no me alcanzaron y tenía que sacar de mi propio bolsillo o solicitar préstamos a mis amigos más cercanos.  
¿Qué añora más en la distancia diplomática?
Distanciarme físicamente de mis amigos de la República del Este, donde fui asiduo contertulio nocturno de la “Peña Literaria”, con el objetivo de exorcizar al malogrado crítico del “Grupo Viernes”, Fernando Cabrices (Risas).
El último sorbo de su cuarta cerveza y el sexto cigarro que descabezaba  en el repleto cenicero, indicaba el final de la conversación. Pero faltaba saber algo más sobre este fenómeno multifacético, uno de los pocos que ha parido la tierra venezolana y a la que ha sabido retribuir con creces. Levanta su ceja derecha y con los ojos de indio bien abiertos escucha:
Pero poeta, de todo lo que ha hecho, ¿qué ha sido lo más importante para usted?
Lo más importante han sido mis cinco hijos y mi mujer Lelys, y ella especialmente por ser la madre de mis hijos.

martes, 7 de diciembre de 2010

Entrevista a Américo Martín, ex-guerrillero y político venezolano


La metamorfosis de un revolucionario
Américo Martín fue un hombre de izquierda y se valió de las armas para luchar por el ideal comunista del que se enamoró con apenas 16 años. Ahora, luego de una transformación ideológica, Martín es un hombre democrático, fiel creyente de una oposición pacífica, de la unidad y de la vía electoral como la mejor solución para ponerle nombre al sucesor de Hugo Chávez

A sus 72 años su audición no es tan aguda como lo es su verbo. Conserva una lucidez incuestionable y un donaire que de seguro lleva acuestas desde los años 60 cuando se consagró como comandante en el Frente Guerrillero Ezequiel Zamora, y que mantuvo –18 años después– cuando lanzó su candidatura presidencial. Américo Martín fue un líder que, como cualquier otro en su generación, sufrió una transformación política que traspasó el recuerdo nostálgico del adeco de izquierda, ardió en la seducción del marxismo-leninismo, para luego convertirse en algo que nunca pensó: “un hombre independiente”.

Su domicilio actual se encuentra sobre una alta colina al igual que hace 50 años. La diferencia está en que medio siglo atrás habitaba en la Sierra Bachiller, en el estado Miranda, armado no sólo de fusiles sino de la sed de aventura juvenil por un ideal comunista. Hoy, Martín reside en una montaña de menor tamaño en el sector El Marqués, donde se puede escuchar y observar –a través de la vista panorámica de su residencia– el ajetreo del suburbio caraqueño. Sin embargo, ahora está rodeado de su esposa, sus dos hijos,  sus libros y un pensamiento que mutó de lo radical a lo democrático.

Un rebelde con causa  
Américo Martín cuenta, como si se tratara de un recuerdo aún tibio en su mente, que a los 16 años incursionó en la vida política como consecuencia del contacto que tuvo con el activismo gremial y político de Acción Democrática (AD) que para aquel entonces había salpicado las aulas del Liceo Andrés Bello donde estudiaba. Su familia también había sufrido persecuciones y algunos de sus  tíos estuvieron presos en Guasina durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Todo esto hirvió como un caldo de cultivo que terminó en lo inevitable: su militancia en la Juventud de Acción Democrática.

En el seno de AD el roce entre la influencia comunista que habían recibido las jóvenes figuras y el pensamiento restaurado de los antiguos líderes que se mantuvieron en la actividad clandestina, produciría una hecatombe ideológica que terminaría en el divorcio de las fuerzas adecas. La ruptura se origina porque “Con los comunistas desarrollamos lo que Sartre llamó fraternidad en las trincheras, donde la conexión fue más allá de la amistad y trascendió en lo ideológico”. La gota que rebasó el vaso fue la sanción que le impuso el partido a raíz de un artículo que escribió Martín con respecto al cambio en la tendencia de AD promovidos por Rómulo Betancourt. La separación fue inminente y la radicalización no tardó en aparecer con otro nombre: Movimiento Izquierda Revolucionario (MIR).

No le incomoda responder por qué razón, luego de la separación con AD, no se conformó una unión con el Partido Comunista de Venezuela (PCV), con el que además simpatizaba. Podría pensarse que la decisión se tomó con la idea de generar un liderazgo político. Pero en su opinión, lo que se buscaba era fundar un partido que mantuviera la nostalgia de los primeros años de AD, pero radicalizando las políticas bajo una condición izquierdista y revolucionaria. 

 Américo Martín reconoce que esa radicalización los condujo a una acción armada que vista en retrospectiva había sido un error. “Pensábamos que no había más salida que tomar las armas, pero sí la había y era un régimen democrático”. Martín es un hombre crítico del gobierno del presidente Hugo Chávez y no le tiembla el pulso cuando caben las analogías históricas para señalar las fechorías que comete: “En ese momento se generó una violencia entre el gobierno y la guerrilla venezolana, pero fue justificada porque teníamos destacamentos armados hasta los dientes. Por el contrario, el gobierno actual realiza  persecuciones frente a una oposición pacífica y legal”.

 El ocaso de un frenesí
Como él, muchos comunistas jóvenes cayeron en la seducción cubana. Con Fidel Castro, Martín compartía el concepto de la Tricontinental como una estructura dinámica que crearía uno, dos, tres y muchos Vietnam para ponerle fin al imperialismo. Asegura que el nivel de compromiso de Castro era tan elevado que venezolanos como Moisés Moleiro y Héctor Pérez Marcano recibieron cursos de entrenamiento guerrillero en Cuba.

Américo era uno de los elegidos de Fidel. “En más de una ocasión me invitó a reuniones y me llevaba a practicar tiro al blanco en La Habana”. Castro consultó con Martín la idea de enviar al Ché Guevara a Venezuela, pero recibió una negativa de su parte con el pretexto de que era necesario que las fuerzas internas comunistas venezolanas se sintieran protagonistas del proceso. “Yo le doré la respuesta, pero la verdadera razón era que no quería caer en una dependencia con Cuba”. Así comenzó el distanciamiento con el dictador.
Martín no recordó cuando fue la última vez que habló con Castro, pero sí recordó como su decisión autoritaria de unir al PCV y al MIR en una sola guerrilla lo había molestado. Considera que el distanciamiento se terminó de concretar cuando “Fidel brindó apoyo a las otras  tendencias del MIR para quitarnos respaldo. Lo mismo le hizo a Douglas Bravo en el PCV”. 

El ex guerrillero mostró la cicatriz de su pasado oculta como una mancha blanca debajo de su camisa manga larga de cuadros azules y verdes. La leishmaniasis que padeció en Sierra Bachiller, fue la culpable de que estuviera sólo dos años comandando la actividad subversiva. Pero también es la circunstancia que utiliza para desmentir aquella teoría –sostenida por su detractor y ex compañero de lucha Domingo Alberto Rangel– de que Américo Martín huyó durante el desembarcó de Machurucuto, dejando que los cubanos fueran fusilados o encarcelados, “Esas acusaciones eran falsas. En primer lugar porque no estaba enterado de la operación del desembarco, pues sólo habían sospechas; y en segundo lugar porque en ese momento estaba enfermo”.  

Sin embargo, Américo reconoce que Domingo Rangel no se equivocó cuando arguyó que el MIR había cometido el error de abstenerse en las elecciones y de no haber concentrado sus fuerzas en la lucha sindical. Y esa se convertiría en la falta que devastó al MIR políticamente. El orgullo de Martín tampoco le permitió hacerse la autocrítica, exigida por el  partido, luego de que el frente armado del MIR fracasara. “No creo en la autocrítica impuesta por un buro político. Mi autocrítica está en los libros que he escrito”. Martín así como se había empezado a distanciar de “Fidel, un caballo viejo y un rey destronado”, también se separó del marxismo-leninismo y finalmente del MIR.
Su renacer político se gestó a través de la Nueva Alternativa, una organización política que se adjudicó a un programa político centrado en calar la sensibilidad popular. Pese a que el proyecto falló en el intento y Martín no logró la banda presidencial, sí consiguió cambiar aquella imagen revolucionaria. Pero por su actitud despechada y el cambio en su tono de voz, se entiende que este fracaso político lo golpeo sin compasión hasta el punto de renunciar a la militancia política y convertirse en lo que nunca pensó  “un hombre independiente”.    

Un revolucionario reformado
Américo Martín se considera un aspirante a revolucionario. “Revolucionario es el que aspira el progreso de la sociedad, no el que empeña las armas y nos regresa a una forma primitiva de organización”. Considera que este concepto se ha distorsionado con la llegada de Chávez al poder y que su forma de gobernar representa muchas de las cosas que se combatían en el extinto partido: “Eso de la deidad infalible, de escoger los cargos a dedo, de promover políticas que arruinen al país no es una revolución sino una ‘retrovolución’ que regresa a los tiempos de Gómez y Contreras”.

Aunque no es dado a desbordarse en elogios, el personaje político que más admira por su acercamiento a la conformación de un proyecto nacional democrático es Rómulo Betancourt. Su admiración es contraria a lo que podría pensarse debido a la persecución que emprendió Betancourt durante la guerrilla. Pero su admiración la argumenta con la honestidad y la  conciencia que suele escasear en los políticos, pues lo concibe como una figura que transformó la mentalidad venezolana: del caudillismo hacia una visión institucional de la política a través de la creación de partidos y la autonomía de poder.

Para Martín, en un futuro cercano Venezuela también necesitará un hombre de transición como Betancourt. “Necesitará un hombre que tenga el respaldo de las mayorías, cultura política, personalidad política, saber rodearse, trabajar en equipo y sobre tener mucho coraje”. Aunque no se atreve a mencionar un nombre que encabece estos requerimientos, descarta el suyo, el de Teodoro Petkoff y el de cualquier hombre de su generación ya que considera  necesario abrirle paso a nuevas aspiraciones.

Con entusiasmo y esperanza, Américo Martín, reconoce que la Mesa de la Unidad Democrática tiene un reto en los próximos comicios presidenciales. El mayor logro que le adjudica a esta organización es la unidad que se consolidó a pesar de las distintas voluntades que la integran y la victoria que le otorgó a la oposición en las parlamentarias. Pero considera que ahora los objetivos son otros “el reto es ampliarse a otros sectores para conseguir una mayoría inequívoca y a prueba de triquiñuelas”. 

Con un tono de voz más jovial Américo Martín se despide con cierta prisa. Eran las 7:00 pm y  todavía no había enviado su columna que, como de costumbre, publica en el periódico de su viejo compañero de lucha Teodoro Petkoff. No tiene la fuerza física para una candidatura más, pero su pluma y su palabra tienen el impulso y la viveza que impide que se desprenda de esa pasión por la política.

Leyenda narrativa (imaginaria)

El soliloquio de una mujer desesperada

"Esta vez Dios se olvidó de nosotros. Se olvidó avisarnos a los habitantes de Las Hernández, en Barlovento que el diluvio llegaría como en los tiempos bíblicos de Moisés. Aún así, no pierdo la fe y aguardo, en una calmada agonía, en las puertas de la capilla principal del pueblo. No era domingo de misa pero esperaba un milagro: esperaba que una enorme barca de madera con mil pies de alto llegará por mí y me rescatara como una doncella en peligro. Tal vez debo ser menos fantasiosa y seguir rezando entre murmuros, para que Dios aparezca, cierre el chorro en el cielo y la lluvia por fin se detenga. Cierro los ojos por un instante y sueño con despertar de esta pesadilla. Mientras los cierro, siento como mi holgada falda roza el agua que cubre un poco más arriba de mis tobillos, no tengo botas que protejan mis pies, que ahora caminan a ciegas sin saber que pisan –un escalón, un hueco o cualquier objeto desconocido arrastrado por los ríos. Me rio, por un momento, para mis adentros, no por felicidad sino por la ironía que me produce al ver un niño que carga un paraguas. Tuerzo los ojos y me preguntó amargamente: ¿Porqué carajo lleva un paraguas si la mitad de su cuerpo está sumergido en el agua enlodada? Ahora mí agonía se tornaba amarga". 



Foto: El Nacional